jueves, 14 de junio de 2012

Reseña. ¿Redistribución o Reconocimiento? Nancy Fraser

Investigación

¿REDISTRIBUCIÓN O RECONOCIMIENTO?
NANCY FRASER


Título del libro: ¿Redistribución o Reconocimiento? Un debate Político-filosófico.
Autor: Nancy Fraser
Capítulo: Capítulo I. La justicia social en la era de la política de la identidad: Redistribución, reconocimiento y participación.
Año de publicación: 2006
Editorial: Ediciones Morata, Madrid





En la actualidad las reivindicaciones de justicia social se dividen en dos tipos. Uno de ellos pretende una redistribución más justa de los recursos y la riqueza y el otro, una política de reconocimiento donde se acepte la diferencia y se reconozcan las diferentes identidades que en la actualidad con los procesos de globalización se vuelven más hibridas y complejas.

Éste será el tema de desarrollo para Nancy Fraser en el Capítulo I, hablará de como en la actualidad los dos bandos: uno que lucha por la igualdad a través de nuevos procesos de redistribución y el otro bando que lucha por el reconocimiento de las identidades como camino para la igualdad social. Sin embargo, cada uno se empecina en negar los postulados del bando contrario en busca de una verdad absoluta que será la solución a los problemas desigualdad que en la actualidad se incrementan cada vez más.

Para Fraser, ni la redistribución, ni el reconocimiento por separado bastan para superar la desigualdad y la injusticia en la actualidad. Es por eso que en este Capítulo, Fraser intenta hacer un análisis de estos dos aspectos y proponer una salida para resolver la desigualdad de la mano de estas dos teorías aplicadas en conjunto.

Podemos ver como estos dos tipos de reivindicación  de la justicia social son erróneos y los convierten en falsas antítesis. Por un lado, las corrientes o grupos enfocados al reconocimiento ignoran otros movimientos no tradicionales de reconocimiento como aquellos movimientos de clase los cuales no solo luchan por la redistribución de la riqueza sino que también implican un reconocimiento de estatus. A su vez, este tipo solo se conforma con la reivindicación del reconocimiento a partir de la afirmación de la especifidad del grupo o movimiento cuando muchas veces las causas de esta negación tienen que ver por aspectos de redistribución de la riqueza.

Por otro lado, Fraser considera también que la teoría de la redistribución no se puede aplicar solamente a orientaciones políticas centradas en la clase social, pues son los nuevos movimientos identitarios los que pueden hablar del cómo les afecta  ampliando así las teorías que hablan de la igualdad y la redistribución de la riqueza.

Entonces, Fraser considera la diferenciación de estos dos paradigmas en cuatro aspectos:

1.         Tienen diferentes construcciones de injusticia, pues, mientras la redistribución  considera la raíz de la injusticia en la estructura económica como la explotación, la marginación económica y la privación de ciertos recursos a algunos ciudadanos; el reconocimiento considera que el problema radica en aquellos  patrones sociales de representación, interpretación y comunicación los cuales traen como consecuencia la dominación cultural, el no reconocimiento de algunos grupos y la falta de respeto hacia sus creencias y cultura.

2.         Proponen diferentes soluciones a la injusticia, pues, mientras la redistribución plantea una reestructuración económica de algún tipo como la redistribución de los ingresos, la reorganización de la división del trabajo o el cambio de estructura de la propiedad; el reconocimiento expone cambios culturales o simbólicos que permitan revaluar las identidades no respetadas  y los productos culturales de los grupos difamados y el reconocimiento de la diversidad a través de la transformación de patrones sociales que permitan un cambio en la identidad social de todos.

3.         Tienen concepciones diferentes de las colectividades que sufren la injusticia, pues, el reconocimiento se basa en relaciones de reconocimiento de estas colectividades mientras que la redistribución basa la el sufrimiento de la injustica a través de relación económicas con el mercado o los medios de producción.

4.         Tienen ideas distintas acerca de las diferencias de grupo, pues mientras la redistribución lucha por abolir esas diferencias de grupo con el fin de lograr al igualdad; el reconocimiento por un lado pretende reconocer aquellas diferencias que han sido malinterpretadas injustamente o enmarcar sus diferencias en un jerarquía que les permita ser reconocidas y catalogadas bajo una identidad determinada.

Sin embargo, existen grupos que cumplen una bidimensionalidad entre ambos paradigmas pues padecen tanto de una mala distribución como de un reconocimiento erróneo, por ejemplo los grupos raciales también pueden ser analizados desde concepciones económicas de desigualdad y pueden sufrir a causa de estas, pues el hecho de que se vulnere su condición de Estatus también implica una mala redistribución de los recursos para con este grupo. Lo mismo puede suceder con la clase social o el género que implica una desigualdad en la redistribución de la riqueza y las estrategias que benefician al género implica una vulneración o reconocimiento de su estatus. Entre esta bidimensionalidad también se encuentra la sexualidad que en términos de redistribución implica que las parejas de homosexuales no puedan acceder a ciertos beneficios económicos que si reciben las parejas heterosexuales.

Lo anterior no puede ser tomado como que en ciertas ocasiones estas divisiones bidmesionales son una excepción sino al contrario podemos decir que todas estas categorías pueden incluso mezclarse entre sí, pues una persona participe de una dimensión puede hacer parte de otra, por ejemplo la identidad de raza y la clase estudiantil pueden mezclarse con problemas de redistribución que impiden el reconocimiento de este grupo en la academia y vulneran su participación como estudiantes por un mala redistribución de los recursos.


Otro ejemplo podría ser el problema de genero con el problema de raza, en el cual las madres indígenas son madres desde una temprana edad pero el desplazamiento forzado de estas mujeres por problemas de distribución del territorio y políticos vulnera la redistribución de los recursos a este tipo de mujeres y sus hijos en la capital, sometiéndolos a la pobreza pero denigrando también su estatus cultural como madres en las dinámicas culturales de la ciudad, algunas deben pedir dinero en las calles y pueden ser denigradas a la clase social de la indigencia y su cultura malinterpretada a la ignorancia y falta de educación.

Entonces el tema de reconocimiento, según Fraser, es un tema de justicia el cual se trata como una cuestión de estatus social. De esta manera  ser reconocido de forma errónea no implica sufrir una identidad distorsionada o haber sufrido el rechazo sino ser representado de un modo que impide la participación como iguales en la vida social.[1] En estos términos son las instituciones sociales las encargadas de plantear estrategias en las cuales sea posible la igualdad de condiciones de los diferentes grupos identitarios en la participación e involucramiento de los mismos como actores políticos y sociales.

En el caso de las madres indígenas desplazadas ¿Quién habla por ellas y las representa? Es deber de las instituciones generar las condiciones para que puedan participar y no sean excluidas y sean vulnerados sus derechos enmarcados en diferentes categorías bidimensionales como seres humanos, madres, indígenas y jóvenes productivas capaces como grupo de ser reconocidos y tener conocimiento para producir desarrollo a la sociedad.

Indígenas en Bolivia.
Foto por: Cesar Angel Zaragoza, en Flickr.


En este caso, tratar el reconocimiento como una cuestión de estatus, nos muestra como evitar que las reivindicaciones normativas queden hipotecadas a datos psicológicos individuales además del derecho no a que todo el mundo tenga el mínimo derecho a la estima social, sino al contrario que todo el mundo tenge derecho a alcanzar la estima social en justas condiciones de igualdad de oportunidades.

Esta interpretación del reconocimiento como una violación de la justicia basado en el modelo de estatus, nos permite asignarlo al dominio del deber universal como se consideraa la justicia distributiva. Así, encontramos algo en común entre estas diferentes dimensiones: ambas se encontrarían en una misma dimensión normativa.


Entonces, una concepción bidimensional de la justicia consideraría la distribución y el reconocimiento como perspectivas diferentes de la justicia pero dimensiones de la misma, en donde el núcleo normativo de esta concepción se encontraría en la “paridad de participación”[2] y para Fraser hacer posible esta paridad, necesita de que la distribución de los recursos garantice la independencia y la voz de todos los participantes y que a su vez estos participantes sean respetados y estén en igualdad de oportunidades para conseguir la estima social a través de la expresión de patrones institucionalizados de valor cultural.

Sin embargo, no es tarea fácil y no se puede ser sumiso a la hora de justificar una reivindicación del reconocimiento, pues la paridad participativa es el medidor que juzgará si los reclamantes de la redistribución o reconocimiento impiden esa igualdad de condiciones. Por esto Fraser propone tratar la paridad participativa de manera intergrupal, es decir de minorías a mayorías y a su vez, de manera intragrupal donde se puedan evaluar los efectos internos que de las prácticas minoritarias puedan excluirse de las globales. Lo cual no quiere decir que se deba tratar como una decisión sino al contrario se dará a través del diálogo y la argumentación participativa donde se pueden poner en juego las diferentesposiciones y enriquecerlas para tomar un cambio deparecer o una nueva decisión.

De esta manera el debate público elimina el autoritarismo y le concede dar la voz a aquellos que nunca la han tenido. A su vez nos permite hablar de manera espontánea acerca de nuestra realidad e historia dotándola de un dinamismo generador de nuevas ideas y percepciones de nuestra realidad ya sea local o global dependiendo de la circunstancia.

La clase social y el estatus en la sociedad capitalista se relacionan y pueden tener su causa o efecto en la otra, lo cual hace complicado reconocer de que tipo se desata el problema si del bando que apela a la distribución o el bando que apela al reconocimiento, pues en nuestra sociedad la estructura de clases ya no refleja el orden del estatus y sus injusticias pueden llegar a ser tan materiales como las de clase.

Por otro lado el estatus ha cambiado y esa modernización de estatus se ha producido por la mercantilización y los cambios en la era de la globalización que traen consigo la aparición de una sociedad civil pluralista y compleja en el variado conjunto de instituciones  que no necesariamente son mercantilizadas haciendo que los actores no ocupen un lugar determinado sino que constantementeluchen por su reconocimiento en los diferentes niveles enmarcados o no en aquellas instituciones.

Para remediar nuestra actual situación Fraser propone integrar por un lado el “dualismo esencial” que permite enmarcar la redistribución y el reconocimiento como 2 esferas de justicia diferentes, pues una pertenece al dominio económico de la sociedad y el segundo al terreno cultural y, que acompañado de un “dualismo de perspectiva”que dependiendo  del punto de vista que se tome, se pueda jugar entre estas dos esferasgenerando un lazo de comunicación entre ambas, reconociendo que ambas esferas inciden una en otra y así; evitarproducir efectos indeseados.[3]

Sin embargo, aplicar formas desde la institución enfocadas a la justicia no es tarea fácil.

Por un lado, las reformas de afirmación se centran en los resultados finales de la injusticia como por ejemplo valorar la identidad de un grupo, lo cual puede traer efectos indeseados como su simplificación al intentar clasificarlo con ciertas cualidades específicas y en el caso de la redistribución, provocaría en el reconocimiento diferencias y rechazos de estatus al tratar de resolver las problemáticas económicas de los más vulnerados.

Por otro lado, la transformación que es la estrategia que se encuentra más alejada de las necesidades inmediatas y reales de la sociedad, se centra en encontrar la raíz de fondo de la injusticia que con tal carácter solidario, tiende a formular derechos universales que reducen  la estigmatización de las clases con los vulnerados y beneficiados pero en vez de elevar la autoestima de quienes son reconocidos, desestabiliza de manera autoritaria las diferenciaciones de estatus vigentes creando una nueva autoidentidad para todos.


Ante esto,Fraser propone el concepto de “Reformas no reformistas” que combina el carácter práctico de la afirmación con el empuje radical de la transformación que ataca la injusticia en su raíz, es decir, que pueden haber reformas afirmativas con efectos transformadores no totales pero sí en algunos contextos determinados.[4]

La clave de esta difícil estrategia consiste en saber reconocer que cuando las opresiones en las identificaciones son muy fuertes,  la deconstrucción es la opción; pero cuando no es así y la opresión se lleva a cabo en las oportunidades de participación, la identidad debe quedar intacta y lo que se debe deconstruir son esas líneas que no permiten la visibilización y reconocimiento de identidades.

Las problemáticas de reconocimiento en la posmodernidad suelen ser un blanco fácil para promover la transformación, pues es la misma posmodernidad la que implica una búsqueda constante y dinámica de la identidad. En cambio la transformación en el plano económico y de redistribución es casi imposible por el mismo sistema al cual pertenecemos y  sus políticas de mercado. Así, las reformas no reformistas abren aquel campo de paridad de participación para que en el futuro se desarrollen o refuercen aquellas teorías y se enriquezcan de manera libre.

Nancy Fraser. Wikimedia Commons
Para esto Fraser propone que a la hora de desarrollar estrategias de“reforma no reformista”, exista una “reparación transversal”  que utilice medidas distributivas para el reconocimiento y medidas de reconocimiento para reparar la redistribución; todo esto con el fin de mitigar ambas formas de subordinación al mismo tiempo. Sin embargo esta propuesta solo es aplicable en algunos casos dentro de una estrategia coordinada y no de manera total o generalizadora.

Y, por otro lado recomienda tener muy en cuenta una “conciencia de los límites”, es decir, asumir una postura de reflexión sobre el impacto de una reforma no reformista  sobre los límites de grupo.

Entonces, se deben tener en cuenta como alternativas viables, aquellas que fomenten la paridad a través de los diálogos políticos, los cuales no deben posicionar a los individuos en un lugar fijo y determinado, sino que al contrario sea cambiante y dinámico y que permita la complejidad y que permita diferentes rumbos en la historia. Sin embargo, esto no quiere decir que no exista un claridad del marco en el que se desarrollan estas deliberaciones sobre la institucionalización de la justicia, en donde quede claridad de quiénes son los sujetos relevantes de la justicia y quiénes son los actores entre los que debe darse la paridad de participación, pues en la actualidad los procesos de globalización y la transnacionalización han hecho más complicado diferenciarlos y pueden cambiar constantemente.

Estos procesos de Globalización han eliminado la concepción de ciudadano exclusivo de una nacionalidad y residencia territorial, generando la multiplicación de las luchas por el reconocimiento en la actualidadha devuelto el interés masivo de la política de estatus y el decaimiento de la política de clase. De igual forma podemos argumentar la proliferación de estas luchas de reconocimiento, no solo por los flujos migratorios que producen la hibridación sino por los medios de comunicación y la internet.

Sin embargo, algunas de estas luchas no acuden a la institución por su complejidad,sino que adoptan posiciones de comunitarismo que las simplifica y matiza de un sinfín de identidades más y en muchos casos no promueven una interacción respetuosa a través de las diferencias sino las separan con intolerancia patriarcalismo y autoritarismo. Ante este problema, que en la juventud se hace el más fuerte y complicado; se necesita no reconocer sus diferencias, sino desde la institución poner a trabajar en conjunto esas diferencias para generar espacios abiertos de diálogo, conocimiento y enriquecimiento de sus identidades, de lo contrario estarán condenadas a desaparecer con la moda o por la violencia.

Para esto se debe encontrar el marco adecuado desde el cual trabajar estos problemas de manera correcta, pues a veces problemas que pueden parecer de tipo global solo tienen un efecto indeseado de manera local y es ahí donde se debe trabajar. En este aspecto también podemos ver un problema alternativo basado en la desigualdad económica producida por la aceleración de la globalización que junto con la multiplicación de las luchas del reconocimiento, generan una cortina de humo, que desplaza la fuerte problemática de la desigualdad basada en la redistribución de los recursos por un falsa lucha de estatus en la sociedad.

Por eso es importante hacer un análisis detallado de los límites de grupo al escoger estrategias de reforma no reformista  transnacionales que al cruzar la brecha entre nacionalidades puedan estar truncando el alcance de la justicia y excluir a actores sociales relevantes locales, es decir homogenizando una riqueza de identidades culturales que no nos permita conocer los verdaderos problemas locales en los que esas políticas se desenvuelven.



[1]  Página 35.Capítulo I. La justicia social en la era de la política de la identidad: Redistribución, reconocimiento y participación; Libro ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico, Madrid : Ediciones Morata, 2006
[2] Página 42.Capítulo I. La justicia social en la era de la política de la identidad: Redistribución, reconocimiento y participación; Libro ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico, Madrid : Ediciones Morata, 2006
[3] Página 61.Capítulo I. La justicia social en la era de la política de la identidad: Redistribución, reconocimiento y participación; Libro ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico, Madrid : Ediciones Morata, 2006
[4] Página 76.Capítulo I. La justicia social en la era de la política de la identidad: Redistribución, reconocimiento y participación; Libro ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico, Madrid : Ediciones Morata, 2006

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada