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viernes, 25 de mayo de 2012

Reseña. El postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado

Investigación.

EL POSTMODERNISMO O LA LÓGICA CULTURAL DEL CAPITALISMO AVANZADO,




Título del libro: el posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado
Autor: Frederic Jameson
Año de publicación: 1991
Editorial: Ediciones Paidós, Buenos Aires, Barcelona, México.





Para la elaboración de este ensayo el autor se ha basado en el economista Ernest Mandel, autor del libro El capitalismo Tardío[1], el cual ahonda en un análisis que tiene como objetivo revelar que esta nueva sociedad es tan solo una etapa del capitalismo, incluso más pura que cualquier anterior etapa.

Entonces, para Jameson, las profecías sobre la nueva sociedad que no obedece a las leyes del capitalismo clásico, es la primacía de la producción industrial y la omnipresencia de la lucha de clases propia del capitalismo. Esta teoría al igual que cualquiera de las teorías postmodernistas, las enmarca como posturas políticas, ya sean matizadas o explícitas, ante la naturaleza del actual capitalismo global y las cuales considera no deben hacer parte de un periodo enmarcado en una línea de tiempo homogenizada sino que al contrario, concibe la postmodernidad lejos de la noción de un estilo para pasar a ser una dominante cultural, que pudo haber existido desde el romanticismo.

La diferencia con el actual postmodernismo se basa en que la producción estética actual que vive al margen de la innovación y experimentación, entrando en el mundo de las mercancías y la sobreproducción de lo nuevo, que a veces puede llamarse industria cultural y que hoy en día se ve en la arquitectura postmoderna financiada por multinacionales y bancos, hasta ser fuente barata de inspiración para la publicidad o las modas pasajeras de ideologías y conocimiento, que también es fuente de consumo para la sociedad actual.

En cuanto a esto, Jameson establece unos postulados en los cuales intenta explicar o analizar el fenómeno de la postmodernidad en este capitalismo tardío y el objeto o sentido del mismo en la actualidad.

Reflexiones sobre la misión del arte político en el apabullante nuevo espacio mundial del capital tardío o multinacional:

1.       La deconstrucción de la expresión.
La superficialidad de la postmodernidad en el arte no permite que se revelen declaraciones políticas poderosas y críticas que permitan cuestionar o reflexionar acerca de la sociedad contemporánea, pues aunque estas declaraciones estén implícitas en la obra, por la superficialidad misma de la sociedad no pueden ser deconstruidas.

Algunas de estas banalidades a las que Jameson llama “el ocaso de los afectos”[2] y tienden a ser impersonales, pueden ser: la interiorización de la expresión que no permite argumentarla, la dialéctica de la esencia y la apariencia, lo latente y la represión reflejada en el interés por lo decorativo, entre otras faltantes que fragmentan el sujeto alejándolo de todo afecto, sentimiento y subjetividad que le impide reflexionar sobre su pérdida de la identidad a través de una eufórica e impersonal expresión que pretende más llamar la atención u obnubilar sus problemáticas y faltantes reales.

2.       La postmodernidad y el pasado.
La desaparición del sujeto individual, y su consecuencia formal de la creciente disipación del estilo personal, engendran la práctica casi universal de lo que se puede llamar pastiche[3]. Logrando que la norma se esfume de la literatura moderna, que proliferen los códigos sociales en las jergas profesionales y disciplinarias y, que la adhesión a grupos minoritarios se vuelva un fenómeno político en donde la cultura tardo-capitalista no sólo refleja la ausencia de todo gran proyecto colectivo, sino también el desvanecimiento del viejo lenguaje nacional. Entonces según Jameson,  el pastiche es el reflejo de la sociedad contemporánea que a través de la parodia vacía que pierde su vocación, es la imitación de un estilo verdadero pasado, como hablar un lenguaje muerto. Entonces los artistas postmodernos carecen de un estilo único que les obliga a remontarse al pasado a imitar estilos muertos.

Por otro lado, hoy en día existe un notable aumento de una adicción a la imagen fotográfica y existe una conexión nostálgica con el pasado con un intento desesperado de apropiarse del pasado a través de la moda y el cine nostálgico. En otras palabras vivimos una crisis de la historicidad, una búsqueda de la identidad a través de retazos del pasado o simplemente tratando de representar de manera vacía la esencia humana a través de la imagen.

3.       La ruptura de la cadena significante.
Entendida como la incapacidad de organizar el pasado y el futuro en una experiencia coherente que difícilmente puede producir algo más allá de pequeños fragmentos. Es decir, se rompe la cadena de significantes que no permite obtener un significado coherente, creando un arte esquizofrénico alejado de la temporalidad y la realidad misma. La antigua obra de arte ha pasado a ser un texto cuya lectura tiene lugar por la diferenciación más que por la unificación de conceptos.

4.       Lo sublime histérico
El arte como representación y expresión de la realidad refleja la perdida de profundidad del mundo contemporáneo. Entonces, el terror instaurado por aquello tan grande y omnipresente en todos los lugares como la globalización, se enmarca en el concepto de lo sublime de Burke, una cuestión, que según Kant, sobrepasa el poder y la inconmensurabilidad entre el hombre y la naturaleza; hasta el punto de afectar los límites que impiden dotar de representación algo tan inmenso.

A su vez Jameson en este pasaje propone como antagónicos el papel de la naturaleza, la cual se encuentra olvidada por la esquizofrenia del hombre y ha sido sustituida por la tecnología, algo que él llama el eclipse de la naturaleza.

Sin embargo, la tecnología ha logrado su cometido auténtico de evocar un futuro espacio postmoderno en el cual, a diferencia de los años noventa, se ha instaurado un acercamiento de nuevo hacia la naturaleza. Pues, aquel eclipse histérico de lo sublime, llegó al límite en el que la sociedad histérica ahora busca con más certeza un acercamiento al orden natural y real de las cosas, instaurando un acercamiento a la comunidad misma  y la naturaleza.

Podría decirse que el capitalismo tardío ha tratado de entrar en una etapa de descentralización, que bajo la hegemonía del poder económico y mediático que no lo permite, la sociedad misma ha buscado la salida en la distribución del poder en pequeñas comunidades. Lo cual ha hecho que teorías instauradas como el cyberpunk, propias de un futuro lejano, se acerquen cada vez más, no a través de una alta tecnología sino al contrario de una baja tecnología que acerca ese futuro a la cotidianidad misma. Estamos desenvolviéndonos en una nueva etapa en la que algunos han logrado idealizar y aterrizar ese sublime a ideas desinteresadas de un poder global por el interés de lo real, de quienes le rodean.

5.       El postmodernismo y la ciudad.
El espacio postmoderno es la apropiación de un espacio cualquiera que desde la esquizofrenia de la lógica cultural del capitalismo tardío, sugiere nuevos y variados modos de percepción y significado de ese mismo espacio y que a su vez genera nuevas dinámicas de relación con éste, que atado a estos variados retazos de significados; conforma relatos muchas veces invisibles ante los ojos del mismo espectador.

6.       La abolición de la distancia crítica
Sin importar si se es crítico o por el contrario fanático, es imposible pensar el actual capitalismo y la postmodernidad en la que vivimos desde un supuesto punto de vista que implique no estar inmersos o ser parte de ella. Por tanto, no se puede pensar la postmodernidad como un hoyo negro, del cual no se podrán ver desarrollo y beneficios. Por el contrario, como Jameson sugiere, se debe pensar la evolución cultural del capitalismo tardío como una dialéctica no solo desde una concepción radical respecto a la naturaleza de esta política cultural como un espacio temporal, sino por el contrario anacrónico. Es de importancia entender y empezar a construir bases que nos ayuden a desenredar la confusión actual que representa la postmodernidad desde la postmodernidad misma que estamos viviendo y no tratando de entenderle como un período histórico alejado de nuestra realidad.

Lo cual podría llevarnos a suponer que el postmodernismo tenga una realidad histórica, que por estar siendo experimentada en este momento puede estar alejada del conocimiento científico y solo el tiempo en el cual podamos estar inmersos, desenvolvernos, ser partícipes de sus dinámicas y experimentar el cambio a través de la posmodernidad misma, nos llevará a poder comprenderle y analizarle.

Entonces Jameson afirma que, el reto que queda en la era de la postmodernidad es empezar a entender de nuevo nuestra situación como sujetos individuales y colectivos y recuperar nuestra capacidad de acción y de lucha, hoy neutralizada por nuestra confusión espacial y social, la cual hoy, en mi opinión se va esbozando en una vuelta a lo local y una distribución del poder en pequeñas comunidades, una nueva mirada a la relación con la naturaleza la cual ligada a la tecnología intenta descubrir de maneras recursivas y económicas; cómo recuperar aquella relación con la naturaleza para que le permita a la sociedad entenderla como una realidad o una verdad natural e inherente al hombre.


[1] El capitalismo tardío. Ernest Mandel. México: Ediciones Era, 1972/1979.
[2]Tomado del Ensayo Lógica cultural del capitalismo Tardío de Frederic Jameson, Capítulo 2: La postmodernidad y el pasado, Página 6.
[3]Concepto de Thomas Mann (en DoktorFaustus) y que éste, a su vez, tomó de la gran obra de
Adorno sobre los dos caminos de la experimentación musical avanzada (la planificación innovadora de Schoenberg y el eclecticismo irracional de Stravinsky), que ha de diferenciarse claramente de la idea común de parodia. Tomado del Ensayo Lógica cultural del capitalismo Tardío de  Frederic Jameson, Capítulo 2: La postmodernidad y el pasado, Página 9. 

jueves, 15 de marzo de 2012

Reseña. Sobre Políticas Estéticas. Jacques Ranciére

Investigación

SOBRE POLÍTICAS ESTÉTICAS


Título del libro: Sobre políticas estéticas
Autor: Jacques Ranciére
Año de publicación: 2005
Editorial: Museud'Art Contemporani de Barcelona Universidad Autónoma de Barcelona. España



Este libro ahonda en las necesidades, dinámicas y problemáticas de la sociedad actual, las cuales han dejado de hacer parte de una democracia radical sino de una defensa y supervivencia misma a esa democracia establecida y aún existente. En este caso el autor extiende sus ideas sobre la sociedad contemporánea a través de la mirada del arte y su papel como actor político. Pues, según el Prólogo de este libro escrito por Gerard Vilar, el arte siempre ha tenido ese sesgo político por sus revelaciones a veces eticamente peligrosas y engañosas para el orden político, razón por la cual antes del romanticismo, éste había sido sometido al poder hegemónico establecido de ese entonces[1].

En algunos casos podemos ver como las instituciones se quedan un paso detrás de las dinámicas culturales y artísticas, es decir, de lo que acontece en la vida misma, tratando muchas veces de restringir y frenar el libre desarrollo de la sociedad por mantener el orden y el poder. Ante estos casos el arte debe responder en su naturalidad, mostrando su actuar político como revelador de la vida misma. Es así como en la sociedad contemporánea las nuevas formas del arte se acercan cada vez más a la denominación de Nicolas Bourriaud de arte relacional[2], el cual se acerca y da más importancia a las relaciones que se establecen entre los sujetos y la vida cotidiana.

Teniendo en cuenta esta pequeña contextualización Rancière propone dos teorías sobre el presente post-utópico del arte contemporáneo:

  • En primera instancia propone alejarse de radicalismos en la investigación y las creaciones artísticas y de las utopías estéticas que se encuentran unidas a los grandes proyectos totalitarios o la estetización mercantil de la vida. Como por ejemplo, la instauración de un “ser en común” previo a una forma política particular,  que permite a través de la obra acercar lo sublime a una idea desde lo cotidiano o comunitario o por otro lado,  como según Lyotard[3] afirma, que “el arte moderno tiene la misión de dar testimonio de que hay cosas irrepresentables” lo que logra cautivar en la singularidad y condenar aquellas expresiones al olvido o a la mercantilización de aquellas formas de estetización.

La sociedad contemporánea es un bazar diverso de valores muchas veces irrepresentables por el carácter singular que el mismo hombre le da, al ser relatados y destacados ganan representabilidad en el valor de lo colectivo impulsando un sentido de comunidad. Así, desde las minorías o pequeños nichos en los que el 
individuo logra involucrarse y representarse, se vigoriza y refuerza una pequeña comunidad.

Así, el arte que pretendía cambiar el mundo pasa a ser un arte modesto en cuanto a la afirmación de la singularidad de sus objetos, que da un nuevo uso y modifica la visión y actitudes que se tienen frente al entorno colectivo.

Estas micro-situaciones que reflejan el diario vivir de la sociedad misma tienden a crear a través de este lenguaje casual, nuevos lazos entre individuos que invitan a la confrontación, participación y el compartir de las ideas.

  • La segunda teoría se enuncia a través de formas modestas de micropolíticas un poco más próximas a las del Estado. Mientras que en la primera el arte se opone ante el Estado a través de su cotidianidad misma.

Así, la estética relacional no pretende ver al arte como el ente que cambiará el mundo pero si le ve como fin, el construir espacios y relaciones para reconfigurar material y simbólicamente el  territorio común. Es de esta manera que sin importar las técnicas, materiales o dispositivos propios de las diferentes artes hay una convergencia hacia una misma idea y práctica del arte como una forma de hacer uso u ocupar un espacio en el que se redistribuyen y repiensan las relaciones entre el arte, la cultura, el espacio y el tiempo.

En este sentido Rancière afirma que el arte no es político por los mensajes o sentimientos que exprese ni por la representación de la sociedad misma; sino por la distancia que guarda en relación con estas funciones y el uso que hace del tiempo y espacio que este mismo establece. Así la función política del arte, según Rancière, se resume en la división de lo sensible[4], aquello que consiste en practicar una distribución nueva del espacio material y simbólico, introduciendo sujetos y objetos nuevos que hacen visible lo que antes no lo era.

El libre juego[5] que propone Rancière es el fruto que obtiene el arte al ser un producto de la ociosidad y la indiferencia, las cuales muestran de manera nada pretenciosa una realidad. Es este libre juego el que permite a muchos jóvenes hoy en día mezclar sus hobbies con el trabajo mismo, el cual como producto de la informalidad y difícil consecución de empleos se ha vuelto la salida tentativa de muchos y en la que han encontrado nuevas experiencias y herramientas de trabajo. Es el libre Juego el que en la postmodernidad genera una revolución política en la medida que genera nuevos usos de algunos espacios y tiempos específicos que dejan ver realidades antes no visibles y más cercanas o comunes.

El juego libre implica a su vez una división de lo sensible, una apreciación del arte no por su técnica sino por aquella forma sensible heterogénea que ha encontrado un uso del juego en la realidad que le subyace.
De esta forma la tarea de la educación estética pretende crear las ideas sensibles dentro de un tejido vivo de experiencias comunes tanto de la élite como del pueblo, en el cual el arte enmarcado en esa apariencia libre, a pesar de la revolución que puedan generar sus ideologías, jamás podría llegar a ser tildado de totalitario, pues enmarca dentro de sus pugnas un sentido autónomo y de libre juego que le impide aferrarse  a un poder que se encuentra totalmente distribuido y desinteresado.

El ocio y el desinterés son un determinante en la prolongación de estas comunidades que se adhieren al libre juego en un determinado momento y digo, determinado momento porque al cambiar las necesidades o el común de la comunidad desvanecerá en el tiempo o será puente en la construcción de una nueva forma estética de representación del tiempo y el espacio cambiantes al cual se ha llegado a través de la deriva efecto del ocio. En este sentido se suprime la noción de rebeldía y se ve como un desarrollo continuo que genera cambios constantes que modifican el uso de aquellos espacios y tiempos específicos según las necesidades de la comunidad misma. Para este entonces es válido como posición subversiva en el arte el no tener una posición. Sin embargo, el régimen estético siempre ha vivido de la tensión entre contrarios y es así como la no negación puede ser contraria a la negación misma y de ahí saltar a la afirmación y es así como el arte en la postmodernidad se renueva  a partir de los contrarios.

La heterogeneidad estética tiene que entenderse bajo las dinámicas de la sociedad actual, puesto que todas sus medidas sean pasivas o rebeldes tenderán a ser tomadas por el Estado, el mercado, la moda y demás, para sacarles provecho. Es ahí cuando el arte da un vuelco, toma otra posición y defiende celosamente esa línea existente entre el mundo sensible y la corroída sociedad. Por esta razón el arte en la postmodernidad debe ser cambiante y contradictorio para solo así funcionar en respuesta negativa a la sociedad y escabullirse para evitar ser atrapado por ella.

Así, Las políticas de la estética que habla Rancière permiten que renazcan en el espectro del arte las posibilidades de lo crítico para llenar al arte de un nuevo valor que lo vuelva más complejo y tenga un aporte político en la sociedad. De esta manera Rancière habla sobre las dos grandes políticas de la estética[6]: la política del devenir-vida del arte como construcción de nuevas formas de vida común que encajan en una realidad aparte y, la política de la forma rebelde como resistencia a cualquier transformación en forma de vida; tendrán ambas que ver con el “arte crítico” el cual propone hacer conscientes los mecanismos de la dominación para transformar al espectador en actor consciente de la transformación del mundo.

En cuanto a esto, a mi parecer, hoy en día son estos actores los que a través de las dinámicas de consumo del arte han empezado a comprender que como espectadores del arte también tienen derecho a su libre contemplación a la cual muchos artistas, sobre todo los abanderados de las instituciones de la cultura, los que de alguna manera no se han dedicado al arte por el arte, sienten como amenaza la exigencia de aquellos derechos, porque el arte debe pensarse no solo desde la posición de su creador si no de quien una vez creada la obra, le admira. Pues el artista debería saber que renuncia a los múltiples significados, usos y efectos del arte mismo, una vez su obra es creada, pues esta deja de ser de su propiedad para ser pública e interpretada a la libertad de los ojos de quien la admira.

Entonces, así como el arte puede ser valorado también puede ser despreciado por la indiferencia y sumisión de sus espectadores, en el segundo caso será porque noven en la obra un derecho del cual pueden apropiarse y así habrá una ausencia del sentimiento positivo, de una capacidad de transformación de la vida misma. Es por esta razón que en el arte son tan importantes el artista como el que está del otro lado contemplando, pues será solo a partir de esta relación que podrá llegar a mantener la llama encendida.
Así, según Rancière podemos entender la Estética de la política como los modos de creación disensuales de escenas y personajes, de manifestaciones y de enunciaciones que se distinguen y oponen a las creaciones del arte. Y por otro lado, las Políticas estéticas, como la lógica del arte que se convierte en vida al ser suprimido por el mismo y la lógica del arte que hace política con la condición de no hacer política en absoluto.

Problemas y transformaciones del arte crítico.
El arte crítico se conforma de la tensión entre el arte que empuja a la vida y la tensión que separa la sensorialidad estética de las otras formas de experiencia sensible, es una búsqueda sensible entre opuestos y no opuestos, una tensión constante entre la cotidianidad y la universalidad. En este sentido el collage logra mostrarnos las dinámicas del mundo moderno, pues el collage como el encuentro de los mundos heterogéneos, es el hallazgo surrealista del paraguas con la máquina de coser que se manifiestan contra la realidad del mundo cotidiano que con sus hallazgos encuentra el poder soberano del sueño y el deseo. La política del collage se funda en el vínculo entre dos mundos ajenos, su aproximación y comprensión de la realidad a través de su distorsión personal y soñadora que atraviesa las fronteras que los separan para que puedan ser relacionados el arte con  la política y la cotidianidad.

La sociedad del capitalismo y el mercado excluye constantemente objetos y formas, que encontrados por artistas vuelven a cobrar un significado, es una acto político en el que el ready-made es el paisaje inspirador del artista, un lugar saturado de imágenes y mundos los cuales a través del collage son cosidos u apropiados por el artista formando nuevas estructuras de pensamiento y apreciación de la vida misma. Así el paradigma de los opuestos entendido no como rivalidad si no como metamorfosis, se constituye como una tercera vía de una micro política del arte, muchas veces permeada por un delgado hilo de humor al cual los artistas suelen apelar con facilidad hoy en día.

En el mundo actual se deslizan aquellas provocaciones polémicas que dieron de que hablar en imágenes nuevas de composiciones heterogéneas, las cuales Rancière clasifica en 4 diferentes estrategias de creación artística con consecuencias en lo político:

  • La primera será el jugar con lo “indeterminado”, donde la obra libremente provoca indeterminaciones con las cuales cualquiera puede jugar y pretende en fin último agudizar la percepción o desciframiento de signos y la fragilidad de los procedimientos de lectura de los mismos en el placer que causa la experimentación de jugar con lo indeterminado.

  • La segunda será el juego que logra que se cree un “inventario”, logrando a través de retazos repoblar el mundo de las cosas colocándolo como archivo al servicio de la comunidad con el fin de que éste mundo de las cosas de nuevo sea apropiado por la comunidad y se construyan a partir de ahí nuevos significados y realidades.

  • La tercera estrategia utiliza la invitación o “el encuentro” donde se aprecia el arte relacional, el cual propone crear no objetos si no situaciones con las cuales se pueda interactuar.
  • Por último, La cuarta será “el misterio” que da fe de una co-presencia de imágenes heterogéneas y usos antes dados.


Entonces, teniendo en cuenta estas nuevas formas, las exposiciones de arte se convierten en misceláneas testimonio de una democracia en el arte que refleja la complejidad del mundo sin tratar de desenredarle sino mostrándola como evidencia de varios mundos conectados a través de la obra. Sin embargo, el arte debería invitar más, no solo a conocer esa visión de mundo ni a desenredarla, sino a darle un sentido alguno, es decir a enriquecerla y a reflexionar a partir de ella.

Estado de la política - Estado del arte
En la política siempre hay disenso por la división de lo sensible, siempre habrá polémica y un ente regulador o como llama Ranciére, Policía; el cual actuará para mantener el orden. Por otra parte, el arte permite la libertad misma de la política a través de la creación de formas indecisas representadas en la crítica de la autoridad, el juego sobre la ambigüedad misma de la relación crítica con los íconos, los estereotipos y el trabajo para redefinir unas referencias de mundo común y actitudes comunitarias.

Es por esta razón que a pesar de la tolerancia, los diferentes puntos de vista, que generan polémica; siempre existirán en la medida de que a través de la acción se aviva el sentimiento que nos recuerda que estamos vivos. El consenso solo anula todas las multiculturalidades y homogeniza la cultura privándola de descubrir nuevas posibilidades e identidades que le recuerden que “estamos vivos”.

Es de gran importancia tener cuidado con el deber político del arte y la comunidad o el pueblo mismo, para no caer en el consenso al intentar ver al pueblo como el excluido que ignora el arte y al que el arte debe hacer sensible y es ahí donde los objetos del arte relacional como vehículo social deben ser reconsiderados al no tratar de desarrollar proyectos culturales que luchen contra la exclusión, pues el ser parte de una mini comunidad en la actualidad, es decir autoexcluirse de la masa, ya es un beneficio; sino entonces más bien pensar como comunidad en desarrollar proyectos que permitan luchar contra la dominación, es decir generar espacios donde estas comunidades puedan actuar políticamente con capacidades subjetivas de acción. Es decir generar espacios materiales de circulación de personas y objetos disensuales o diversos, introduciendo en ellos un tema suplementario o contradictorio.

En este espacio, es “el inventario” que propone Rancière el que puede ser utilizado para representar y archivar un sinfín de mundos y formas que pueden ser apropiadas por otros al ser contradichas, reestructuradas, generar alianzas o incluso enemigos que permitan dejar en los otros un interrogante y un recuerdo que sirva como material para contraponer o reforzar esa forma de pensamiento, es decir, forjar desarrollo e innovación, “el inventario” está basado en la política del compartir no con todos (Global) sino con el que quiera, es dejar a disposición de otros lo que se suponía como nuestro, es acercar alianzas y tener de cerca al enemigo, para poder actuar frente al mismo. Cada cosa ocupa un lugar en el mismo y el ordenar o recopilar no tiene por qué ser contrario a la indeterminación puesto que el orden puede ser también un caos y depende de la subjetividad misma con la que se le aprecie.

Los espacios del arte
Hablar de espacios del arte no implica simplificarlo a los modos de presentación sino que implica el espacio del arte mismo contenido y contemplado desde cualquier punto de vista en donde se define diversas clases de transacciones de la experiencia estética como el programa cultural /educativo, en el cual es necesario salirse de los opuestos como ocio y trabajo, dentro y fuera, alto o bajo, arte y no arte, pues lo que se debe buscar como fin último es crear espacios alternativos a estos extremos,  para descubrir nuevos disensos, nuevas maneras de luchar contra el consenso, lo cual descentraliza el poder permitiendo generar constante innovación y desarrollo desde lo anónimo y lo local que permita la interacción y distribución de esa información de manera global.

Política y estética de lo anónimo
El desarrollo y la innovación en el arte al crearse desde una política del anonimato adquiere una mayor consistencia debido a su misma ausencia, pues uno de los problemas y vacíos más grandes de la sociedad actual es la fama, vivimos en un mundo neurótico que empecinado busca el obtener o representar una imagen importante, en vez de hacer cosas importantes, por eso es está misma ausencia del anonimato la que dobla el valor, la credibilidad y el sostenimiento del arte en la creación de mundo. La imagen y la fama entretienen y despistan la esencia de la obra.


[1] Página 9. Prólogo del ensayo “Sobre Políticas Estéticas” de Jacques Rancière. Museud'Art Contemporani de Barcelona Universidad Autónoma de Barcelona. España. 2005
[2] Estética Relacional. NicolasBurriaud, Ediciones Los sentidos/ Artes Visuales. 2006. Argentina.
[3]Jean-François Lyotard. Filósofo francésreconocido por su introducción al estudio de la postmodernidad a finales de 1970.
[4] Página 19. Tomado del ensayo “Sobre Políticas Estéticas” de Jacques Rancière. Museud'Art Contemporani de Barcelona Universidad Autónoma de Barcelona. España. 2005
[5] Página 21. Tomado del ensayo “Sobre Políticas Estéticas” de Jacques Rancière. Museud'Art Contemporani de Barcelona Universidad Autónoma de Barcelona. España. 2005
[6] Página 37. Tomado del ensayo “Sobre Políticas Estéticas” de Jacques Rancière. Museud'Art Contemporani de Barcelona Universidad Autónoma de Barcelona. España. 2005